Los metales preciosos, idóneos para todo tipo de familias

Hay un mito de que los metales preciosos, el oro y la plata en especial, son materiales reservados solo para las clases más pudientes. Se trata simplemente de eso, una leyenda que no se corresponde con la realidad debido a que los metales preciosos encajan en cualquier tipo de perfil familiar: monoparental, familia clásica, numerosa, etc.

Precisamente una de sus mejores características es que se adapta muy bien al perfil del comprador, ya que decide éste qué cantidad de sus ahorros destina para la compra: para la plata, uno puede empezar con cifras tan humildes y asequibles como 30€ y el oro, aunque algo más caro, también tiene alternativas como los lingotes pequeños. Sea cual sea el tamaño de la compra, lo importante es poseer su valor refugio. 

Lo que está claro es que no hay un perfil más idóneo que otro para las compras de metales preciosos. Como muestra, el hecho de que tanto empresas multinacionales y los bancos centrales de todo el mundo como pequeños empresarios y familias de diferente poder adquisitivo sean también importantes compradores. 

Todos tienen algo en común: la búsqueda del oro como un refugio ante la incertidumbre y que permita mantener o incrementar su valor incluso en momentos económicos complicados.

La seguridad de los metales preciosos

Y no se trata de ver al oro y a la plata como objetos con los que especular, más bien al contrario: es una buena elección para todas las familias porque funciona a la perfección a largo plazo. Como diría el periodista Rodrigo Rodríguez, uno de los mejores efectos que ha tenido el oro en él es que “me permite dormir mejor por las noches”, ya que le ha permitido dejar de preocuparse por el mañana y ver con miedo el futuro.

Los metales preciosos se caracterizan por ser una inversión a largo plazo que aporta estabilidad y seguridad a todos sus poseedores. La historia está de su lado: el oro y la plata llevan presente en la economía mundial desde las primeras sociedades. En períodos convulsos y de mayor tranquilidad, estos continúan siendo sinónimo de confianza. 

Si las familias quieren que sus ahorros e inversiones no se vean afectadas por la inflación, la única solución posible es adquirir metales preciosos, puesto que el hecho de que tengan valor por sí mismos y no sean tan dependientes del mundo financiero evita que su valor caiga como el resto de productos.

Piensa en una familia media: dos padres trabajando con un sueldo normal y dos hijos que están estudiando y en el horizonte está la universidad. En los 2000, si estos hubieran adquirido como alternativa para ahorrar un kilo de oro a 11.000 dólares, este 2020 sus ahorros habrían alcanzado los 55.000 dólares. Y todo, a pesar de la crisis de 2008 y la mala situación económica española hasta el 2014. 

Este patrimonio inteligente no solo habría contribuido a aumentar el dinero que tenían ahorrado para el futuro, sino que les habría ayudado a sortear las peores consecuencias de una crisis que se llevó una enorme cantidad de empleo en nuestro país.

Si quieres que tu familia deje de preocuparse por el futuro y las consecuencias de la crisis, los metales preciosos son la única solución. Conseguirás estabilidad, seguridad y certidumbre y, como no, protección de los ahorros que tanto tiempo te han llevado guardar.



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